En las últimas semanas, Cuba se ha visto sumida en una crisis humanitaria tras el terremoto que azotó la isla, en medio de una crisis energética provocada por la constante presión ejercida por Estados Unidos bajo la administración Trump. El país ha sufrido un colapso en su red eléctrica, y este desastre natural agrava aún más las necesidades del pueblo cubano. La atención médica y el acceso a alimentos ya eran cada vez más precarios, y la necesidad de ayuda en estas áreas se agudizará aún más.
Como cristianos, tenemos la obligación de cuidar a los necesitados, los vulnerables y los pobres, tal como nos gustaría ser cuidados. En Lucas 10:29, le preguntaron a Jesús: "¿Quién es mi prójimo?", y él respondió con la parábola del Buen Samaritano, quien se desvivió por ayudar a alguien que antes consideraba su enemigo. Con este espíritu debemos redefinir nuestra relación con Cuba. En este momento, debemos seguir las mejores tradiciones de nuestra fe y tenderle la mano a Cuba con amor y caridad.
Como cristiano, pido al Congreso que actúe conforme a los valores que apreciamos. Aprueben una ley que ponga fin a los intentos de Trump de “apropiarse” de Cuba provocando una crisis humanitaria. En cambio, exijan que iniciemos verdaderas conversaciones diplomáticas, acompañadas de ayuda para la isla tras el desastre natural, respetando el derecho del pueblo cubano a determinar su propio gobierno. Las políticas que aprobemos deben reflejar nuestro amor y preocupación por nuestros vecinos, ya que tienen consecuencias reales para la vida de las personas. Únanse a mí hoy para hacer oír su voz.
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